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Mauro Limón, in memoriam

Mauro Limón, in memoriam

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Por David Contreras

Conocí a Mauro Limón Zapata cuando ingresé a estudiar la universidad. Fue a raíz de la carrera del Hospital General, realizada en octubre de 2005, cuando un señor de Magdalena, Pablo (no recuerdo su apellido), me dijo que corría bien, y me preguntó con quién entrenaba. En ese momento sólo salía trotar, y mi enfoque era recreativo y quería estar activo físicamente. Me dijo que debería entrenar con Mauro Limón y me informó que dos muchachos de mi edad entrenaban con él y traía a un grupo de corredores. Me sorprendió que comentó que no cobraba, que era muy buen entrenador. Así era Mauro Limón, una persona desinteresada que disfrutaba de la compañía de los corredores, sobre todo de sus dos grandes ‘pupilas’: Berenice y Tere.

            Meses después, cuando llegué a las bancas de la Milla de la Unison, pregunté por él, no tardaba en llegar, me dijeron. Y sí, llegó en su bicicleta de montaña, con un paso muy tranquilo. Quienes lo conocieron saben de lo que hablo, llegó serio, acomodó su bicicleta y empezó a hacer ejercicios de calentamiento para empezar a correr. Me acerqué para decirle que quería entrenar con él y su grupo. Aceptó y sólo me preguntó mi edad, y peso aproximado. Desde ese día me metí al mundo de correr gracias a Mauro. 

            Con el correr del tiempo me daba cuenta de los resultados y de que podía avanzar más, le tenía confianza a sus conocimientos, que si bien no tuvo una formación académica en el entrenamiento deportivo, se constataba su saber por lo que leía y por la gran experiencia que tenía como corredor. Todos recordamos su humor muy particular y su forma de decir las cosas, Mauro era un excelente entrenador porque ponía retos. El primero fue cuando antes de empezar una carrera me llevó unos shorts de corredor (corto, de competencia) y me dijo: “toma, pareces payaso con ese que traes”(risas, así lo recordaremos). A propósito, hay quienes lo recuerdan por su famosa frase lapidaria que decía cuando alguien no se presentaba a entrenar, pero estaba ya inscrito en alguna carrera fuera de Hermosillo: “¿a qué vas? A hacer el ridículo no más”

            Los retos también iban desde los shorts a lograr correr una distancia que nunca había corrido, como 21 kilómetros, o hacer una hora y media subiendo un cerro. Aunque sólo corriera carreras de 5 y 10 kilómetros, eso era parte de la preparación. Entrené poco más de dos años con él hasta que en la Unison me ofrecieron ser parte del equipo representativo, por lo que tuve que cambiar de entrenador. Las bases de entrenamiento que logré esos dos años sirvieron para ello, fueron gracias a Mauro. Con él no sólo iba gente a correr, se iba a platicar y a convivir, a disfrutar el mundo de correr sin dejar de aspirar a mejorar el crono.

            Me enteré cuando su salud menguó a finales del mes pasado, fue muy triste su partida, joven para su edad y condición física. Mauro deja una huella marcada para quienes lo conocimos y para la comunidad de corredores de Hermosillo. Una comunidad pequeña que resiente las pérdidas, sean éstas cercanas o no, ya que la práctica del deporte significa (entre otras cosas) el cuidado de la salud personal para quienes la componemos. Aprovecho estas líneas para desear la recuperación de Elsa villa, corredora que lucha en estos momentos por permanecer entre nosotros.