La experiencia del primer maratón

La experiencia del primer maratón

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Conoce un poco lo que hay detrás de la preparación para un maratón de primera mano, por parte de un reconocido deportista y corredor a nivel Estatal.

DAVID CONTRERAS TÁNORI
Hermosillo Sonora (1986). Se inició en las carreras en la preparatoria. Tomó el atletismo como disciplina cuando estudiaba la Licenciatura en Historia en la Universidad de Sonora. Comparte su pasión por correr con su profesión, además de la música. Mejores marcas:
5 km 15:20
10 km 31:20
21 km 1:12’ 38”
42 km 2:46’ 38”

La experiencia del primer maratón

Por David Contreras

La preparación para cualquier actividad que realizamos requiere siempre disciplina. Lo aprendí desde que inicié en el deporte (el fútbol) a los seis años. Por accidente llegué al atletismo (literal, por una fractura expuesta de cúbito y radio) y jamás pensé en entrenar para competir en una prueba como el maratón. Mis límites llegaban en cuanto a distancia hasta los 21 km. Mientras que en forma física sólo trataba de ser lo más veloz que podía. Lo medité hace cuatro años, cuando al mismo tiempo planeaba compromisos profesionales. Casi 15 años corriendo y dije: bueno, ya es hora. 

            Y es que la prueba del guerrero Filípides no es ajena a las referencias personales y profesionales de quien esto escribe. Hay una conexión con ese país lejano que es el pasado. A ese mundo de la Historia, profesión y forma de vida que llevo conmigo en casi todo lo que hago. Entrenar distancias largas para maratón me ha permitido ciertas reflexiones, ya sea para el salón de clases, algún proyecto de investigación, y otras ideas que se quedan en ese mundo del acto de correr.

            Uno de los aprendizajes del entrenamiento de la prueba es la capacidad para administrar los descansos, ya que la cantidad de sesiones (hasta doce por semana) que se realizan durante meses, permite conocer en cada uno de los días cómo te sientes y qué tanto debes descansar para continuar. Desde luego, no son ajenos los tropiezos, esas lesiones que ayudan a hacer alto y decir ‘bájale’.

El día clave

El día de la prueba todo queda atrás y lo único que queda es afrontar el reto, soy un novato. Desde esto el ángulo es distinto, me arriesgo más para tratar de irme con un pelotón, pero sin que este me vaya a fusilar. Además, hay una pendiente hacia abajo en el punto del disparo de salida que permite ir cómodo en el ritmo de competencia. Cruzo palabras con un corredor de rasgos asiáticos que se notaba experimentado, me recuerda a Murakami, el escritor. Según me daba permiso, en cada bocanada de aire le respondía. En una pendiente hacia arriba se adelanta y permanezco unos metros atrás de manera sigilosa. Pasan algunos kilómetros, la gente apoya desde la calle y está por amanecer. 

            Después de 15 kilómetros me siento muy bien, me encuentro en un trance competitivo, comienzo a rebasar corredores, incluso a algunos que kilómetros atrás se me habían adelantado. Estabilizo mi paso y me emparejo con un corredor de buen nivel. Se adelanta con ‘jalones’, pero me mantengo cauteloso.

Llega el tiempo de pasar los primeros 21 kilómetros, registro 1:17’. Mi condición sigue siendo muy buena, no hay molestias, nada en lo físico y lo mental me traiciona. Hasta ahí mi incursión en la prueba de Filípides ha sido adrenalina, euforia e ímpetu. Pero apenas comenzaba. Es cuando te das cuenta de que no importa la condición y el nivel atlético de las miles de personas que lo corren: la fisiología cobra la misma factura para todos.

Llego al km 25 y empiezo a perder el ritmo de carrera que tenía proyectado. Se suma una pequeña molestia en el talón de Aquiles, no le doy importancia y por nada del mundo me pasa por la cabeza detenerme. El ritmo baja y probablemente los niveles de glucosa también, me empiezan a rebasar algunos corredores. Y ahora al rememorar eso recuerdo las palabras de “sangre sudor y lágrimas” tomadas de W. Churchill que leí en el libro Hanson Half Marathon method. No pensé que fuera así, cuando a lo lejos escucho los “Go Go Go” “Good job” y cruzo tapetes que no recuerdo con certeza la milla señalada en cada uno. Es muy probable que en ese estado las conexiones cerebrales fallen, pues me dan bebida isotónica y me la echo en la cabeza, cual si se tratara de una esponja que escurro (risas). Me doy cuenta después y el sentido de alerta vuelve a la pelea, voy en el kilómetro 32… o menos, como el 35 (risa). Rebaso gente de la prueba de medio maratón, me motivan a aumentar el paso, hay momentos en los que veo borroso.

Sirva el alto en esta crónica para destacar el brote de las emociones más primarias del ser humano (tristeza, miedo, sorpresa, asco, ira, felicidad) que ocurren, según la persona, en una prueba como el maratón. Es un impasse que dura minutos, pero de nada sirve dimensionar su duración, sólo pasa. Después de eso me encuentro a 5 km de la meta, casi nada. Se me emparejan dos corredores, me mantengo con ellos y la energía que me queda la empleo en mantenerme ahí y cerrar fuerte.

Sé que estoy muy cerca y que salvo un shock electrolítico me detendría. Pongo a prueba todo e imagino como si iniciara otra carrera, todo lo anterior se canaliza en coraje para terminar la prueba. No veo el reloj, ni para el tiempo ni para la distancia, mientras a lo lejos diviso las vallas, las cuales me permiten imaginar un camino más estrecho conforme se acerca el final. Me equivoco y tomo la izquierda, el camino para el medio maratón, alguien me grita que es el otro. Corrijo, escucho a compañeros del equipo y entrenador y cierro los últimos doscientos metros, piso el tapete y me tambaleo. Me brindan atención, pero afirmo estar bien, me quedo solo y afirmo las emociones del momento: lo hice ¿Que si lo volvería hacer? Valió cada ‘p :@$%’ minuto.  

¿Qué sigue para David? Tras lograr calificar para Boston en su primer maratón, David planea ir a competir en este evento de reconocido a internacional (Maratón de Boston), así como a otro tipo de carreras y distancias locales y nacionales.

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